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ARTÍCULO INVITADO

Victoria de Girón: cincuenta años de actividad académica

Victoria de Girón: Fifty Years of Academic Activity

1 Instituto de Ciencias Basicas y Preclinicas Victoria de Girón, La Habana, La Habana, Cuba


RESUMEN
.

Palabras clave: sin palabras clves

ABSTRACT
.

Keywords:

“Cuando con sangre escribe
FIDEL este soldado que por la Patria muere,
No digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.”

 

Así, con magistrales versos, llenos de emoción y patriotismo, inmortalizaba el poeta el gesto del miliciano Eduardo García Delgado quien, sintiéndose mortalmente herido por la metralla mercenaria durante el bombardeo a la base área de Ciudad Libertad, escribía con su sangre el nombre del líder de la Revolución y con él, como dijera el trovador “el nombre de los hombres que no van a morir”. Era el sábado 15 de abril de 1961. La humanidad apenas despertaba de su asombro por la hazaña del pueblo soviético de mandar al espacio cósmico al primer ser humano.

Al día siguiente, se producía el sepelio de las víctimas de la agresión. Detrás de los féretros cubiertos con la enseña nacional marchaban milicianos y soldados rebeldes. Los ojos alumbrados de un brillo colérico, el uniforme de campaña y el fusil al hombro. A ambos lados una muchedumbre de hombres y mujeres del pueblo con los ojos enrojecidos por el llanto, un nudo en la garganta y el puño crispado. Todos con la misma decisión reflejada en el rostro. En la despedida del duelo y ante los indicios inequívocos de una invasión inminente, Fidel exclamó: “lo que no pueden perdonarnos es haber hecho una Revolución Socialista en las narices del imperialismo”. La multitud vibró de emoción. Se alzaron aprobatorios los fusiles de miles de milicianos y soldados rebeldes que, una vez terminado el acto, saldrían a sus puestos de combate dispuestos a enfrentar la agresión que se avecinaba. Era el domingo 16 de abril.

Esa agresión no se hizo esperar. No habían transcurrido doce horas de finalizado el acto cuando una tropa mercenaria llegaba a las arenas de Playa Girón. Allí encontraron la tenaz resistencia del pueblo, uniformado y no-uniformado que en menos de cuarenta y ocho horas les proporcionó una derrota colosal. Al atardecer del miércoles 19 de abril, la radio y televisión nacionales en la voz de José Antonio Cepero Brito daban a conocer el parte del Comandante en Jefe donde se anunciaba que a las cinco de esa tarde la invasión mercenaria había sido totalmente liquidada. Un estremecido clamor sacudió el país del uno  al otro confín. Un sentimiento indefinido de alegría y tristeza inundó los corazones.  Muchos dejaron la vida en el combate, pero esta vez lo hicieron por su única, verdadera, irrenunciable independencia. En estos días estamos conmemorando en quincuagésimo segundo aniversario de esos acontecimientos.

Exactamente dieciocho meses después comienza la historia de esta institución. Atraparla en unos pocos minutos demanda, primordialmente, una visión aeronáutica y no una visión geodésica. Era una noche fresca del otoño cubano. En el cielo estrellas y luceros estrenaban un brillo inusitado, una brisa intranquila acariciaba las ramas de los almendros generando un susurro musical. Una muchedumbre de jóvenes se congregaba en el sitio convocado, pletórica de sueños, alegrías y esperanzas. Esa noche, en un antiguo colegio de monjas para señoritas de la alta sociedad, se inauguraba una institución educacional de nuevo tipo. El máximo guía de la Revolución dejaba claro su objetivo: formar los médicos que la Revolución necesitaba para cumplir los ambiciosos planes de desarrollo de la salud pública que se proponía llevar adelante en cumplimiento del programa del Moncada y para ayudar a países necesitados. Era el 17 de octubre de 1962 y daba inicio a sus labores el Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón.

Aún reverberaban en el aire las palabras de Fidel en la inauguración, cuando hubo que transformar el centro de una escuela de medicina en una de artillería antiaérea. Comenzaban los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Haciendo honor al nombre de su centro, alumnos y profesores se incorporaron a la defensa de la Patria amenazada. Con febril dedicación aprendían el manejo de los cañones antiaéreos dobles de fabricación checa como parte del Batallón Universitario. Era necesario aprender y aprender rápido. En ello nos iba la vida. La enseñanza teórico práctica terminó y el batallón se dirigió a un lugar en las costas de Pinar del Río para hacer las prácticas de tiro real. La diplomacia hizo innecesario el combate militar. Las crisis van y vienen, los pueblos quedan.

Los estudiantes regresaron a sus respectivos centros de estudio. Ese año, el 27 de noviembre, la calle San Lázaro se estremecía bajó el paso marcial del Batallón Universitario que de completo uniforme y en formación militar descendía de la escalinata universitaria para rendir el tributo tradicional de recordación y respeto a los ocho estudiantes de medicina fusilados por el colonialismo español. Los vecinos de la calle San Lázaro los saludaban con banderas cubanas desde los balcones. Las flores llovían sobre los estudiantes soldados, que marchaban cada vez más aguerridos y orgullosos al sentir el cariño de aquel pueblo humilde, cuya independencia, seguridad y felicidad, ellos estuvieron dispuestos a defender al precio de sus propias vidas.

A la crisis siguió una calma inquieta. Una veces más calma, otras más inquietas. Pero bajo las condiciones de aquella paz precaria, preñada de constantes amenazas y ocasionales escaramuzas, Girón pudo dedicarse a trabajar en pos del objetivo para el cual fue creado. Su primera tarea fue completar su claustro de profesores. Se contaba con un pequeño núcleo que provenía de la Escuela de Medicina entre los que se destacaba el Dr. Pedro Pablo Cabal, uno de los trece profesores universitarios que no abandonó su país atraído por el canto de sirena del imperialismo y el Dr. Roberto Alonso Borges, posiblemente el único médico dedicado a la Bioquímica en todo el país. Pero era insuficiente para la magna tarea que se le echaba encima a la nueva institución. En aquellos tiempos en Cuba no existían especialistas en Ciencias Básicas y fue necesario reclutar a especialistas en otras ramas de la medicina para impulsar la labor del centro. Así, se incorporaron cirujanos devenidos anatomistas, clínicos transformados en fisiólogos, patólogos convertidos en histólogos, ginecólogos transmutados en embriólogos. Entre ellos vale la pena mencionar el saber enciclopédico de Roberto Douglas Pedroso, la diminuta y apacible figura de Juan Faura Monserrat, y el terror de los estudiantes, Eduardo Reyes Cos. Un recuerdo emocionado para el Dr. Pedro Baeza Flores, quien fiel a su condición de profesor, exhaló el último aliento mientras enseñaba fisiología a sus alumnos. Ellos aunque ya no están con nosotros, lo siguen estando pues hay hombres que aún después de muertos dan luz de aurora. Punto y aparte merece otro de los pioneros, que llegó desde la lejana provincia de Camagüey para fundir su vida con la de Girón y quien gracias a la vida y para nuestro regocijo y beneplácito, aún se encuentra entre nosotros. Se trata del profesor Luís Vicente García Gómez. La primera gran tarea que la Revolución le encomendó a Girón fue la de existir, y Girón la cumplió prontamente y con dignidad, como ha sabido hacerlo durante cincuenta años.
Los alumnos del primer curso eran jóvenes que con anterioridad no tuvieron acceso a la universidad por la situación imperante en el país. Así, los había más jóvenes y menos jóvenes, pero todos con la decisión de salir adelante. Fue un año verdaderamente difícil, pues el plan se proponía ofrecer los fundamentos de las ciencias básicas en solo un año. La mayoría salió airosa de la prueba.

Para 1964, las ciencias básicas ocupan dos años del currículo y las instalaciones fueron ampliadas con la construcción de cinco anfiteatros, un área de cocina comedor, una cafetería y cuatro edificios para residencia estudiantil. En 1965 con la fundación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas se comenzó la formación de especialistas en ciencias básicas. Esta decisión garantizaba un flujo permanente y adecuado de profesores hacia Girón.

Durante esos años ocurrieron dos hechos fundamentales. Primero, se creó el Servicio Médico Rural, que establecía que los médicos, una vez graduados, debían prestar sus servicios por un periodo de dos años en cualquier lugar del país donde fueran ubicados, especialmente en las áreas rurales. Comenzaba a generarse la cobertura nacional de los servicios médicos. Segundo, en una trascendental asamblea general, los estudiantes de medicina acordaron renunciar a la práctica privada de la profesión. Con esta decisión la atención médica dejó de ser una mercancía para transformarse en un derecho del pueblo y una obligación del estado. Se formaba así el embrión de un sistema de salud pública que con el tiempo se convertiría en uno de los mejores del mundo, si no el mejor, y que es orgullo de nuestro pueblo.

Ya en los primeros años de su existencia, Girón comenzó a recibir estudiantes procedentes de países del mal llamado tercer mundo. Llegaron a nosotros jóvenes procedentes del Medio Oriente, de América Latina, de Las Antillas, del África Subsahariana, de Asia. Especial recuerdo dejaron entre nosotros los estudiantes vietnamitas, que fueron enviados por el gobierno del presidente Ho Chi Min, en medio de la guerra contra el imperialismo norteamericano, destinados no solo a cumplir misiones en la guerra sino también cuando, vencido el agresor, se dedicaran a construir un Viet Nam cien veces más hermoso. Dos estudiantes bolivianos, Freddy Maymura Hurtado y Mario Gutiérrez Ardaya, salidos de estas aulas se incorporaron a la guerrilla internacionalista dirigida por el Che y que junto a él lucharon y murieron heroicamente.

En 1968 se gradúan los estudiantes del primer curso de Girón y un grupo de ellos se dedica a especializarse en ciencias básicas, hecho que se ha venido repitiendo desde entonces. Si en 1962 el país no contaba con especialistas en estas ramas, diez años después eran decenas los formados y en formación.

A tono con los tiempos, en 1972 se crea el departamento de Genética Médica que con el cursar del tiempo se ha transformado en el flamante Centro Nacional de Genética Médica cuyo prestigio ya trasciende las fronteras del país.

En apenas diez años de existencia Girón consolidó su trabajo y su prestigio. Como en aquel entonces existían en el país varias escuelas de medicina que solo tenían alumnos de tercero a sexto año, al centro llegaban estudiantes de todas las provincias. Fue entonces cuando, siguiendo una política trazada por el gobierno revolucionario, se decidió la creación de departamentos de ciencias básicas en esas escuelas y la formación de nuevas escuelas, de forma tal que existiera una escuela de medicina completa, es decir, de primero a sexto año, en todas las provincias del país. Esa tarea se les asignó a los profesores de Girón, quienes viajaron a todo lo largo y ancho del país llevando su conocimiento, experiencia y entusiasmo a donde hiciera falta y dejando en cada lugar visitado una estela de cariño por su comportamiento y de admiración por su trabajo.

Una nueva tarea aparecería en el horizonte académico unos años después. Esta vez se trataba de fundar escuelas de medicina en otros países. El primero de ellos fue Yemen del Sur, después vendrían Etiopía y Guinea Bissau. Además se brindó colaboración a otras escuelas de medicina ya existentes en países como Mozambique, Angola y Nicaragua. Esta actividad internacional se mantiene hasta el presente.
 

En diciembre de 1975 se celebra el I Congreso del Partido Comunista de Cuba, en febrero de 1976 se aprueba la constitución de la República y se da inicio al proceso de institucionalización del país. Las escuelas de medicina pasan a ser instituciones subordinadas al Ministerio de Salud Pública, pero metodológicamente al Ministerio de Educación Superior. Se da inicio  a una nueva etapa en la institución caracterizada por la superación didáctica metodológica de los profesores, la elaboración de un plan de estudios con todas las de la ley, la organización científica de las actividades docente y de dirección y la aplicación del primer reglamento para el trabajo docente metodológico. Una febril actividad sacudió a Girón desde sus cimientos, era necesario cambiar todo lo que debía ser cambiado y a esa tarea se dio con prisa y sin pausa el claustro girondino. Ningún profesor quería ser considerado como un simulador de la cultura y un estafador de la juventud. Se introdujeron y desarrollaron nuevas formas de organización de la enseñanza, se comenzaron los controles a las clases, se organizó el trabajo metodológico departamental, se mejoró la calidad de los exámenes, se realizó el primer proceso para otorgar las categorías docentes, en fin, la actividad académica se enrumbó hacia una concepción científica de la docencia.

Entusiasmados estábamos en este quehacer cuando aparece un nuevo desafío. Se crea el destacamento de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay y se inicia la elaboración de un nuevo plan de estudios encaminado a formar médicos con una orientación hacia la asistencia primaria. El autor intelectual del plan fue el profesor Fidel Ilizastigui Dupuy. Albergaba algunas ideas novedosas, especialmente en el área de las ciencias básicas. Volvieron los tiempos de la pupila insomne, la neurona intranquila, el músculo tenso, el trabajo sin descanso. Con tal entusiasmo y dedicación emprendieron los profesores  de Girón esta tarea que el profesor Ilizastigui en una intervención pública al terminarse el trabajo afirmó “Yo creía que donde más dificultades iba a tener era en las ciencias básicas, sin embargo, en ninguna otra parte encontré la comprensión y la colaboración que encontré en los profesores de Girón”. Este plan de estudios marcó un punto de viraje en la educación médica superior en Cuba. Nunca fue sometido a un proceso formal de evaluación curricular, pero sus resultados han sido valorados muy positivamente por los millones de hombres y mujeres que en el mundo han recibido los servicios de los médicos cubanos y algunos extranjeros formados con él.

Pero en la escala de los tiempos históricos, la alegría duró lo que un merengue en la puerta de un colegio. A finales de la década de los años ochentas comenzó el desastre en los países socialistas europeos, que eran nuestros principales aliados políticos y socios comerciales. Si para nosotros el panorama en el  89 y 90 se pintaba de gris, a partir del 90 se tornó negro. Se iniciaba el periodo especial en tiempos de paz. A pesar de los ingentes esfuerzos realizados por la dirección del país, resultaba imposible satisfacer las necesidades materiales y hasta en algunos casos las espirituales de la población. Sin embargo, nuestro pueblo en un acto de heroísmo cotidiano sin precedentes apretó filas junto a la Revolución y estuvo dispuesto a cualquier sacrificio con tal de no perder lo que tanta sangre había costado. Los trabajadores de Girón han sido, son y serán, parte integrante del pueblo cubano y como tales sufrieron en carne propia todas las vicisitudes, privaciones y estrecheces del resto de la población. Pero como verdaderos dueños cuidaron su centro, lo mantuvieron activo y a pesar de todos los pesares podemos afirmar con sano orgullo de revolucionarios que ni aún en los días más difíciles hubo un aula sin profesor, un alumno sin atender, un becario sin albergue, una comida sin prepararse (mejor o peor de acuerdo con las circunstancias), un examen sin realizarse, un día sin funcionar nuestro consultorio médico. En fin, ni una sola actividad administrativa, política, sindical o social de importancia sin realizarse.

Permítanme en este día, cuando celebramos también el cincuenta aniversario de Girón, rendir un homenaje de admiración y cariño a todos y cada uno de los trabajadores de este centro, que en los años más duros del periodo especial supieron comportarse a la altura que las circunstancias exigían, mantener en alto las banderas victoriosas de la Revolución y ser dignos del nombre que lleva la institución: Victoria de Girón.  

Pero como dijera el poeta “todo pasa y todo queda” y así pasó el periodo especial aunque quedó en el recuerdo de todos. Nos alumbraba el camino el pensamiento del maestro Luz y Caballero “no importa, sigamos adelante, que el sol sale para todo el mundo”.

A finales de la década de los noventa la naturaleza cayó con una fuerza descomunal sobre nuestros pueblos de América. Por iniciativa del Comandante en Jefe se elaboró el Programa Integral de Salud para socorrer a los pueblos dañados por los huracanes. Como parte del programa estaba la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina con el propósito de formar los médicos que la región necesitaba. La idea original se amplió a otros pueblos que no fueron víctimas de los huracanes. La participación de Girón en la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina fue decisiva. Se diseñaron los laboratorios, se realizó un inventario de las necesidades para el equipamiento de los mismos, se elaboraros los programas para el curso pre-médico, se trabajó en la organización docente y administrativa. Fue un trabajo intenso y muy especializado, pero el día de la inauguración todo estaba listo para comenzar el curso. Hoy algunos han olvidado esa contribución y otros no la recuerdan, que no es lo mismo, pero es igual. Pero no trabajamos por reconocimientos ni recompensas. Nos guía la enseñanza de aquel ilustre centroamericano que afirmara: “debemos actuar como si los hombres fueran buenos, como si la vida fuera justa, como si la patria fuera agradecida”.

El primer trimestre del 2004 estuvo marcado por los preparativos para dar inicio al Proyecto Policlínico Universitario y de nuevo los profesores de Girón se propusieron salir airosos de esta nueva encomienda. La tarea era totalmente nueva: clases grabadas en video, programas computarizados, escenarios docentes diferentes a los tradicionales. Sin embargo el desafío se aceptó y se venció. El primero se septiembre del año 2004 en todos los policlínicos seleccionados estaban disponibles todos los materiales necesarios para comenzar el curso, gracias al trabajo denodado, eficiente y extraordinario de los profesores de Girón. Una vez más, entre tantas otras, Girón cumplía su compromiso de honor con la Revolución.

Unos años después, junto con otros profesores del país, comenzamos a trabajar en el plan de formación de médicos para la República Bolivariana de Venezuela. En este momento me detengo por un instante para evocar a quien fuera el máximo impulsor de esa idea, el recientemente fallecido comandante Hugo Chávez Frías. Al aceptar la trágica realidad de su muerte prematura acuden a mi mente las palabras del Canciller de la Dignidad: ”Los hombres que rindieron plenamente su misión histórica jamás pasan. Se concretan en símbolos. Si la faena en la que metieron su pasión y su mente tiene aún resonancias vitales, o están en proceso candente de elaboración, siguen siendo “útiles después de muertos”.

Por una decisión gubernamental en el 2007 el plan de estudios de Venezuela sustituyó al plan vigente. Este plan contemplaba una asignatura supuestamente integrada con el nombre de Morfofisiología. En el país se creó una situación difícil pues cada centro adaptaba la asignatura según su leal saber y entender. Con el propósito de uniformar los programas se procedió a un proceso llamado de perfeccionamiento tomando esta asignatura como única forma de enseñanza de las ciencias básicas. El claustro de Victoria de Girón, unánimemente, se manifestó en descuerdo con esa idea. No obstante, cuando la comisión nacional de la carrera de medicina le encomendó el perfeccionamiento de los programas de Morfofisiología, asumió la tarea y, en apenas tres meses, la llevó adelante con la mayor calidad posible.

Así, sumidos en estos menesteres llegamos a los cincuenta años de la institución. ¡Medio siglo! De los trabajadores que dieron inicio a esta obra solamente unos pocos permanecen entre nosotros. Se ha ido produciendo la renovación que la vida exige y el tiempo demanda. En este momento exhorto a los pinos nuevos a que se inspiren en el ejemplo de aquellos que un día dedicaron sus fuerzas, su talento y su energía para hacer realidad esta institución. En definitiva son las masas anónimas las que hacen realidad los sueños de los grandes hombres. En estos cincuenta años hemos tenido altas y bajas, aciertos y desaciertos, esperanzas y desilusiones, anhelos y frustraciones, en fin nuestras luces y nuestras sombras.

Girón no ha transitado por una calzada real, sino por sendas preñadas de obstáculos que ha sabido vencer y seguir cuesta arriba en busca de la cima. Tal vez no hemos podido alcanzarla, pero ha valido la pena intentarlo. Hoy con la experiencia de cincuenta años y el entusiasmo del primer día, estamos dispuestos a seguir en el empeño. Cuando miramos hacia atrás nos sentimos orgullosos de todo lo que hemos hecho. Cuando miramos hacia adelante nos sentimos angustiados por todo lo que nos falta por hacer. Pero lo que debe ser hecho, hecho será. Repitamos con el poeta:

“Aún le quedan caminos al futuro.”

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Editada en la Universidad de las Ciencias Médicas de Cienfuegos