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ARTÍCULO ESPECIAL

La contribución del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima a la educación médica superior en Cienfuegos, 1979-2016

The Contribution of the Dr. Gustavo Aldereguía Lima Hospital to Medical Education in Cienfuegos, 1979-2016

1 Hospital General Universitario Dr. Gustavo Aldereguía Lima, Cienfuegos, Cienfuegos, Cuba, CP: 55100


RESUMEN
Se realiza un recuento histórico de la contribución que ha tenido el Hospital “Dr. Gustavo Alderguía Lima” de Cienfuegos en el inicio y desarrollo de la Educación Médica Superior en esta provincia, con énfasis en las primeras etapas. Se resalta que, fieles a la tradición cienfueguera, todo se organizó, implementó y desarrolló en el terruño, con nuestros profesionales. Se describen algunas actividades que ejemplifican el papel jugado por esta institución, sus profesores, trabajadores en general y estudiantes de pre y posgrado, en múltiples logros alcanzados en materia de salud y educación en el territorio, así como en la integración con otros centros. También se comenta un grupo de dificultades y desafíos que se han afrontado durante casi cuatro décadas en el campo de la docencia. Se plantea que el hospital universitario del futuro en Cienfuegos se tiene que desarrollar por nosotros mismos, basados en las políticas generales de nuestro Sistema Nacional de Salud, pero “cienfueguerisándolas”, para que respondan al legado martiano de “con todos y para el bien de todos”, teniendo muy presente siempre cumplir el mandato de que el hospital sea “símbolo de la salud, la vida y la felicidad de los cienfuegueros” y que “es imposible cerrar las puertas”.

Palabras clave: educación médica, educación superior, hospitales, universidades, Cuba

ABSTRACT
This paper presents a historical review of the contribution of the Dr. Gustavo Alderguía Lima Hospital to the emergence and development of higher medical education in Cienfuegos, emphasizing on the early stages. It highlights the fact that, true to the provincial tradition, everything was organized, implemented and developed with our own professionals. It includes some events that demonstrate the role played by this institution, its faculty, workers in general, and undergraduate and graduate students in achieving better health and education in the province, as well as the integration with other institutions. A group of difficulties and challenges in the field of teaching faced by the hospital for almost four decades is also discussed. It is argued that the university hospital of the future in Cienfuegos must be based on the general policies of our health system, but adapting them to the local context to be consistent with Marti's dream "with all and for the good of all", bearing in mind that we have to fulfill the mandate that the hospital must be “a symbol of the health, life, and happiness of the people of Cienfuegos” and that “it is impossible to close the doors”.

Keywords: education, medical, education higher, hospitals, universities, Cuba

INTRODUCCIÓN

Ha sido interés del autor de este trabajo iniciarlo con dos textos cuyos mensajes se avienen a los propósitos del artículo, no solo por la carga de sabiduría que trasmiten, sino por la relevancia que en la práctica tienen estos preceptos. 

 

“Para los que no saben de ese cariño que se llega a sentir por estos centros de trabajo y amor que son los hospitales. Para los que desconocen las horas de angustias que se viven junto al enfermo y los momentos de preocupación intensa que ocasiona el salón de operaciones. Para los que ignoran las emociones que provocan los primeros triunfos y fracasos de la profesión… es difícil comprender cabalmente la importancia de los hospitales”.

Alfredo Espinosa Pérez

 

“Enseñarás a volar / pero no volarán tu vuelo / Enseñarás a soñar / pero no soñarán tu sueño / Enseñarás a vivir / pero no vivirán tu vida / Sin embargo… / en cada vuelo / en cada vida / en cada sueño / perdurará siempre la huella / del camino enseñado”.

 

Madre Teresa De Calcuta

 

La primera experiencia de educación médica universitaria en Cienfuegos ocurrió  en el año 1969, cuando nuestra ciudad acogió a un grupo de diez estudiantes de medicina de cuarto año de la Universidad de La Habana, que por espacio de unos dos meses convivieron con los trabajadores del Hospital Regional Héroes de Playa Girón, en una rotación inolvidable para los que la vivimos, de lo que hoy calificaríamos como “educación en el trabajo”, en el Servicio de Medicina Interna de ese, para muchos de nosotros, querido centro hospitalario. El profesor coordinador fue el desaparecido Dr. José González de Armas, que se encontraba al frente del servicio de dicho hospital entonces.

Dejemos que, el hoy prestigioso profesor de Pediatría, el Dr. Antonio Velázquez Águila, nos narre con sus palabras los recuerdos que tiene de ese “experimento”:1

En aquellos momentos, el que suscribe era dirigente de base de la FEU y de la UJC, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Habana y cursaba el cuarto año de Medicina. A través de estas organizaciones me convocó el director de la Escuela de Medicina y me indicó que  había sido elegido para venir al frente de un grupo de 10 estudiantes de medicina, con la idea de explorar las condiciones de Cienfuegos para la Docencia Médica Superior (recién había comenzado en Santa Clara). La forma en que nos seleccionaron nunca la supe, pero como todavía la mayor parte de los estudiantes de medicina del país cursaban sus estudios en La Habana, había en el grupo compañeros de las entonces provincias de Oriente,  de La Habana,  de Pinar del Río y de Las Villas, entre los que se encontraban dos que posteriormente fueron profesores de esta Facultad, el Dr. José Antonio Cabrera Gómez y el que les narra.

Aquellos jóvenes eran estudiantes que se destacaban, tanto en sus habilidades prácticas, como en el conocimiento teórico. Eran, además de buenos estudiantes, buenos trabajadores, responsables y cumplidores, características con las que se granjearon el respeto y el cariño de cuantos se relacionaron con ellos y no me equivoco si digo que de algunos pacientes también, a pesar del corto tiempo del “experimento”

De inicio la idea no nos gustó mucho, no era muy grato dejar la ciudad de La Habana, aunque éramos provincianos la mayoría,  y marchar a una provincia durante dos meses sin saber qué íbamos a encontrar y además estábamos acostumbrados a centros asistenciales insignes en la docencia y la asistencia médicas, pues procedíamos de los hospitales Calixto García,  Manuel Fajardo y el Enrique  Cabrera (Hospital Nacional). Sin embargo, al llegar aquí, enseguida nos sentimos muy bien, aunque las condiciones materiales de alojamiento no eran las mejores, fuimos muy bien acogidos y con  un calor humano tremendo por parte del personal médico, dirigentes, enfermeras y trabajadores en general. La calurosa acogida y el nivel de aceptación que tuvimos fueron muy buenos.

Ahí conocimos a jóvenes médicos y otros menos jóvenes que, a pesar de no ser especialistas y mucho menos profesores, nos ofrecieron su ayuda, sus conocimientos,  las mejores relaciones. Más que alumnos y profesores, éramos compañeros y amigos, confianza que nos ganamos con la seriedad de nuestro trabajo. Entre aquellos médicos estaban los siguientes: Dr. Alfredo Espinosa Brito,  Dr. José Díaz de la Peña,  Dr. José M. Bermúdez López,  Dr. Francisco Rizo Rodríguez,  Dr. José I. Fernández Montequín,  Dr. Rubelio Pina (Director del Hospital),  Dr. Augusto Enriquez Elesgaray,  Dr. Moisés Portell Torres,  Dr. David Cala Rodríguez, Dr. Roberto Vega Hernández,  Dr. Octavio del Sol Castañeda, eminente cirujano, y otros. También recibimos atención especial del Dr. Pedro Hernández Sánchez, que en aquellos momentos era el  Director Regional de Salud.

Los resultados de esta estancia de estudiantes fueron calificados como altamente satisfactorios. De aquí que, después de esta rotación inolvidable para los que la vivimos, los médicos cienfuegueros de entonces nunca se resignaron a que la docencia médica superior llegara a nuestra ciudad por “rebosamiento”, es decir, porque ya los estudiantes no cabían en otras facultades, frase que se hizo célebre en nuestras relaciones con el Viceministerio de Docencia de Salud Pública, por los años 70, especialmente con el Dr. Ernesto de la Torre Montejo. Se quería lograr la docencia por méritos propios. Así las cosas, se enviaron algunos profesionales a obtener experiencias en otras instituciones docentes y se realizaron cursos de superación en filosofía e inglés, que se decía que se consideraban indispensables para los futuros profesores, pero nada concreto ocurrió entonces.

El propósito de este trabajo es dejar explícita la contribución del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima a la educación médica superior en Cienfuegos, en el periodo de 1979 a 2016.

DESARROLLO

El Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima. Los años fundacionales

Las condiciones subjetivas y objetivas para iniciar la docencia médica superior se dieron con el crecimiento impetuoso de los recursos humanos calificados, así como el desarrollo de la infraestructura de los servicios de salud de la provincia a fines de los 70, donde tuvo una indiscutible influencia la inauguración del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima, el 23 de marzo de 1979.2

Es entonces que el Dr. Serafín Ruiz de Zárate, cienfueguero y rector del Instituto de Ciencias Médicas de Villa Clara, le propuso al Dr. Pedro Hernández Sánchez, a la sazón Director Provincial de Salud en Cienfuegos, el envío de un grupo pequeño de alumnos de medicina que comenzarían su sexto año en nuestras instituciones hospitalarias provinciales para realizar su internado rotatorio (Medicina Interna, Cirugía, Pediatría, Ginecobstetricia) como parte de una especie de ensayo, para ampliar las unidades docentes del Instituto. Consultadas las máximas autoridades del territorio (Humberto Miguel Fernández, primer secretario del PCC y Reinel Regal Reyes, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular) se aprueba la solicitud. Casi inmediatamente se comunicó que se enviarían estos estudiantes, con preferencia los que residían en la provincia, noticia que fue recibida con gran beneplácito. Los escenarios docentes, además del nuevo Hospital, incluyeron el Hospital Pediátrico Paquito González y el Hospital de Maternidad Mártires de Playa Girón.

Los primeros internos, con domicilio en Cienfuegos, dormirían en sus casas y se habilitaron capacidades en los, entonces, “amplios” locales de la guardia médica para los que residían en otros municipios, o en otras provincias (vinieron dos ya casados con domicilio en Villa Clara, en Placetas: Nery Castañón y Félix González y, además, otro procedente de Ranchuelo: Emilio Vega, también de Villa Clara). Así, en septiembre de 1979, se recibieron los primeros nueve internos rotatorios en la provincia. Entre los cienfuegueros que se mantienen activos de ese grupo están: Marisela Pérez Pacareu, Alejandro Díaz González y Heriberto Chávez Sánchez; ya jubilada Aleyda García Dorticós y fallecido Rubén Mena Guerra. Había también una chilena en el grupo, Rosa Sandoval Retamales, casada previamente con un cienfueguero. Debido a su pequeño número, por lo que significaban para la institución y al ansia de enseñar que tenían los profesores, estos internos se convirtieron en el centro de la atención de todos en el hospital y, además de las rotaciones que tenían planificadas, se les ofrecían encuentros teórico-prácticos sobre temas importantes, impartidos por especialistas calificados del centro. Sus actividades se coordinaban por las correspondientes Vicedirecciones Docentes de los tres hospitales y los jefes de servicios y profesores seleccionados para su atención. Con una visión abarcadora, varios de los internos, acompañados de sus profesores, visitaron otras instituciones -incluyendo unidades rurales- para conocer en vivo sus futuras posibilidades de ubicación. Sus rotaciones por el Hospital Pediátrico Paquito González y el Hospital de Maternidad Mártires de Playa Girón también fueron muy exitosas. El acto de graduación de estos primeros internos se celebró en el Teatro La Caridad, de Santa Clara, al cual asistieron los profesores cienfuegueros que, en varios casos, fueron los que entregaron los diplomas de sus títulos a dichos estudiantes.

Ya avanzado el curso 1979-1980 comienza a laborar la Cra. Alexis Brito Rodríguez como secretaria de la Vicedirección docente del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima, quien, a la vez que compartía el trabajo de esa entidad, coordinaba y apoyaba los aspectos burocráticos relacionados con el trabajo docente con los internos y los primeros residentes;  dependía ella todavía como plantilla del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara -donde trabajaba previamente-, por lo que mantenía el contacto constante con dicha instancia, dada su experiencia previa en ese aspecto. Ella se ubicó primero en la propia oficina del Vicedirector Docente Dr. Raúl Fernández Pérez y posteriormente pasó a un local convertido en oficina docente, que el Dr. José Ignacio Goicochea Bofill, director del Hospital, amablemente cedió y que era el salón de reuniones del Vicedirector Administrativo de este centro, el Lic. Luis Oscar Alducin Montebravo.

En enero de 1980 comenzaron las residencias de las especialidades básicas. Fueron los primeros residentes del hospital: Medicina Interna: Margarita Romeu Escobar, Gloria Lara Calderín, Ángel Julio Romero Cabrera, Manuel Fernández Turner, Domingo Sabina Molina, Juan de Dios Rivero Berovides, Francisco Olascoaga Pérez, Manuel Bonilla y Juan de Dios Bolaños (fallecido pocos años después de su graduación como especialista), a los que se incorporó en su tercer año de residencia, procedente de Santa Clara, Orestes Álvarez Fernández. En Cirugía General: Orlando Águila Melero, Arístides Sánchez Sánchez, Jorge García Rivas y Dolores Sánchez Robreño fueron los primeros. La mayoría de estos médicos ya tenía alguna experiencia, pues habían terminado su posgraduado en diversos municipios o se habían quedado trabajando en el antiguo hospital en los servicios de Medicina Interna y Cirugía General.

El primer residente que se examinó en Cienfuegos fue Orestes Álvarez Fernández, en 1982 que, como se mencionó, había comenzado sus estudios en Villa Clara. El tribunal que lo examinó estuvo constituido por el Dr. José Francisco Martínez Delgado, el Dr. Alfredo Espinosa Brito y el Dr. José Bermúdez López. El primer residente de Cirugía General que se examinó fue el Dr. Orlando Águila Melero, en 1983. El tribunal que lo examinó lo conformaron el Dr. Alfredo Carrizo Méndez, el Dr. Antonio Ríos Rodríguez y el Dr. Fausto Castillo Franco.3a,b

Estos nuevos especialistas rápidamente se convirtieron en profesores y posteriormente, en su mayoría, con su permanencia, ejemplo y amplios conocimientos, han contribuido a la formación de las generaciones que les sucedieron.

Se debe mencionar que también en otros centros se comenzó muy tempranamente la formación de residentes. Así, el primer especialista de Pediatría formado en Cienfuegos fue el Víctor Sánchez Quiñones. El tribunal estatal que lo examinó estuvo integrado por la Dra. Amelia León, del Hospital José Luis Miranda, de Santa Clara, como presidenta, el secretario fue el Dr. José M. Rielo Rodríguez, como vocal el Dr. Antonio Velázquez Águila y como  suplente el Dr. Armando García Vilaplana, estos tres últimos del Hospital Paquito González.

En septiembre de 1980 la Dra. Elena de la Nuez Pérez, Especialista de I Grado en Radiología, Jefa del Departamento de Radiología y Vicedirectora Docente del Hospital de Maternidad Mártires de Playa Girón, fue la persona seleccionada para ostentar la responsabilidad de conducir a partir de entonces la enseñanza Médica Superior  en nuestra Provincia. Fue cedida por la dirección del Materno y se convirtió en Directora de la Unidad Docente de Ciencias Médicas de Cienfuegos, adscrita al Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara.4

La Cra. Alexis Brito Rodríguez pasó a ser su secretaria. En la última decena del mes de mayo de 1981 se incorporó el Lic. José Antonio Pomares Alfonso, también para trabajar en el local dispuesto en las áreas administrativas del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima, procedente del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara,  pues había sido enviado por el Rector Dr. Serafín Ruiz de Zárate “para ayudar y trabajar” junto a la Dra. Elena de la Nuez Pérez en la nueva Unidad Docente.4

La primera resolución rectoral, designando en la categoría principal de instructores a 36 profesores, fue firmada por el Dr. Serafín Ruiz de Zárate, Rector del Instituto de Ciencias Médicas de Villa Clara, el 13 de septiembre de 1980, aunque todos los profesionales y trabajadores de la salud de la provincia y, en especial, de este hospital, vibraron al unísono en el empeño fundacional de la docencia médica superior en Cienfuegos desde sus inicios. Diversas circunstancias de la historia hicieron que no estuvieran incluidos en aquel grupo “oficial” de docentes categorizados, otros especialistas –sobre todo de asignaturas de cuarto y quinto años, que iniciaron en el siguiente curso-, pues aquí se designaron solo a los primeros profesores de las disciplinas de tercero y sexto años-, aunque también debe reconocerse por su entrega a otros, que también colaboraron desde la apertura de la docencia, desde el curso 1979-1980.

Primeros instructores nombrados oficialmente, según listado original de la Resolución Rectoral No. 125 del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara, del 13 de septiembre de 1980. Entre paréntesis se indican las disciplinas que atendían en tercero y sexto años:

  • Dr. José Bermúdez López (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Alfredo D. Espinosa Brito (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Román Correa Puerto (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Roberto Pérez González (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Luis Chao Cantero (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Germinal Álvarez Batard (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dra. María Luisa Quintana Galende (Propedéutica y Medicina Interna)
  • Dr. Saúl Rey Ávila (Radiología)
  • Dr. Luis Quevedo Sotolongo (Radiología)
  • Dra. Hilda Carmouce Cairo (Radiología)
  • Dra. Inés María Pérez Muñoz (Laboratorio clínico)
  • Dr. Julián Viera Yaniz (Anatomía Patológica)
  • Dr. Alfredo Quiñones Ceballos (Anatomía Patológica)
  • Dra. Ada Lazo Cortés (Anatomía Patológica)
  • Lic. José Simón Consuegra (Psicología)
  • Lic. Clara M. García Rodríguez (Psicología)
  • Dr. Juan Apolinaire Pennini (Higiene y Epidemiología)
  • Dr. Florindo de la Hoz Gómez (Higiene y Epidemiología)
  • Dr. Rubén Rojas Valladares (Higiene y Epidemiología)
  • Dr. Israel Sotolongo Castro (Ginecología y Obstetricia)
  • Dr. Reinerio Figueroa Hernández (Ginecología y Obstetricia)
  • Dr. José González Flores (Ginecología y Obstetricia)
  • Dr. Carlos Pérez Velázquez (Ginecología y Obstetricia)
  • Dr. Roberto Pérez García (Ginecología y Obstetricia)
  • Dr. José M. Rielo Rodríguez (Pediatría)
  • Dr. René Parra Hernández (Pediatría)
  • Dr. Antonio Velázquez Águila (Pediatría)
  • Dr. Armando García Vilaplana (Pediatría)
  • Dr. Arturo Pérez de Villamil Álvarez (Pediatría)
  • Dra. María del Carmen Cuéllar (Pediatría)
  • Dr. Alfredo Carrizo Méndez (Cirugía) (Aquí se cometió un error, que luego se subsanó, pues el profesor ya ostentaba la categoría docente de Profesor Auxiliar obtenida en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara)
  • Dr. Raúl Rodríguez Fernández (Cirugía)
  • Dr. Julio Miñoso Andina (Cirugía)
  • Dr. Jesús González Villalonga (Cirugía)
  • Dr. Fausto Castillo Franco (Cirugía)
  • Dr. Raúl Fernández Pérez (Cirugía)

En el curso 1980-1981 se recibieron los primeros 42 alumnos de tercer año de Medicina y 28 internos rotatorios que residían en la provincia de Cienfuegos y hasta entonces estudiaban en Santa Clara. Los que vivían en los municipios se alojaban en la Sala 8A del hospital, que estaba completamente habilitada pero vacía de enfermos, pues aún no había sido abierta para prestar servicio, ya que el hospital se encontraba todavía en “puesta en marcha”.

Pero una noche, durante la epidemia de Dengue de 1981, ante el creciente número de ingresados –incluyendo varias salas que se habilitaron de urgencia para ingresar niños con dengue o sospechosos de esta enfermedad en el cuarto piso-, los estudiantes tuvieron que ser evacuados rápidamente, para la antigua escuela de Enfermeras Victoria Brú (donde hoy se encuentra Radio Ciudad del Mar) gracias a que se había inaugurado ya el Politécnico de la Salud.4,5 En esa instalación estuvieron viviendo hasta que se terminó el área de alojamiento de la Facultad de Ciencias Médicas. Los estudiantes y profesores de entonces se incorporaron de lleno a la noble labor de salvar vidas humanas en esta epidemia a la vez que se  acondicionaban los locales para poder planificar, orientar y dirigir todo el proceso docente educativo. Fue así que se decidió, al final del curso 1980-1981, también el  traslado de toda la infraestructura de la Unidad Docente para los locales que anteriormente se utilizaban como Escuela de Enfermeras.

Las conferencias y seminarios de pregrado, que inicialmente se desarrollaron en las aulas 7 y 8 del quinto piso del hospital, luego también se brindaron en un salón de la antigua Escuela de Enfermeras.

Ya en este curso 1980-1981 se celebró el Primer Fórum Científico Estudiantil en las aulas del hospital y en el teatro, con la participación entusiasta de prácticamente la totalidad de estudiantes y profesores, así como el Primer Festival Cultural Estudiantil, con mucho éxito, donde actuaron en el teatro del hospital algunos de los que hoy son muy destacados profesionales en esta propia institución y en otras que, por no tener su “consentimiento informado”, no se mencionan por sus nombres.

Sucesivamente, en el curso 1981-1982, se completó la docencia de cuarto y quinto años y prácticamente todos los servicios del hospital y las aulas de los diferentes pisos se vieron ya directamente involucrados en la docencia médica superior, de pre o posgrado. Debido a problemas de salud de la Dra. Elena de la Nuez durante este curso, el Lic. Pomares la sustituyó al frente de la Unidad Docente, durante varios meses y mantuvo el trabajo de coordinación de todas las actividades.4

Junto con el anuncio de la llegada de estudiantes de pregrado en mayor número, se brindaron diversas actividades por tres asesoras metodológicas del Instituto de Villa Clara a un grupo de profesionales que se involucraron en las actividades docentes iniciales, sobre todo con vistas a su categorización. Eso fue todo. Aquí no hubo “Plan Cienfuegos” con la llegada de profesores de medicina de otras universidades, como sucedió en Santiago, Santa Clara, Camagüey y Pinar. Fieles a la tradición cienfueguera, todo se organizó, implementó y desarrolló en el terruño, con nuestros profesionales, solo asesorados por las metodólogas villaclareñas en una primera instancia. Sin embargo, hay que reconocer también el refuerzo valioso que representó un grupo de especialistas recién graduados que arribaron de La Habana y de Santa Clara, por espacios de tiempo variables, especialmente dirigidos a apoyar la labor asistencial del hospital en estas primeras etapas.

La inexperiencia inicial en la enorme tarea a enfrentar –la de formar profesionales que respondieran en todos los sentidos a las necesidades de nuestra Patria- fue suplida entonces por la superación constante en la preparación pedagógica y científico-técnica de los nuevos profesores en cada una de las especialidades, pero, sobre todo, por el entusiasmo y la entrega, así como por la fe en el éxito y en la nobleza de la obra que se emprendía.

Hay que destacar de que desde los comienzos, además del incremento en la preparación científica y metodológica a la hora de impartir las diferentes formas organizativas docentes más tradicionales (conferencias, seminarios, etc.), el sello distintivo de la docencia en el hospital ha estado dado por la “educación en el trabajo”, aporte significativo de la escuela cubana a la educación médica superior.6,7   

Asumir –como a veces se cree- que la enseñanza es una tarea simple y que automáticamente, por ser médico, ya se es profesor, es una afirmación que no tiene sentido. La enseñanza no solo requiere conocer el proceso  del aprendizaje, sino también saber apreciar las metas, las motivaciones y las experiencias, así como el ambiente apropiado para los estudiantes. La medicina, con frecuencia, no ha valorado  la “ciencia” de la enseñanza.8 Afortunadamente aquí no sucedió así y muy tempranamente se planificaron y llevaron a cabo cursos de Pedagogía para profesores, en el antiguo Instituto Superior Técnico (hoy Universidad Carlos Rafael Rodríguez) con la ayuda valiosa de la profesora Miriam Iglesias León. En la sede de la Unidad docente -edificio de la antigua Escuela de Enfermeras- también se impartieron cursos por el destacado profesor Orestes Robledo Reyes del Instituto Pedagógico Félix Varela, de Santa Clara. Luego esa tradición continuó en la nueva Facultad con la profesora María Eulalia (Lupe) Olite Montebravo.

Como dato significativo, por la trascendencia que tuvo, y ha tenido, como una de las últimas actividades llevadas a cabo en las oficinas de la Unidad Docente ubicada en la antigua Escuela de Enfermeras, se realizó la matrícula de los 143 estudiantes que conformaron el Primer Contingente Carlos Juan Finlay y que comenzaron la carrera en el curso 1982-1983.

El hospital en la nueva Facultad de Ciencias Médicas de Cienfuegos

Finalmente, en 1982, ya con la incorporación de nuevos profesores e instalaciones adecuadas para impartir las ciencias básicas en la nueva Facultad de Ciencias Médicas, se acoge el primer contingente del Destacamento Carlos Juan Finlay y posteriormente se designa como Decano al Dr. José Arteaga Herrera. Progresivamente, aunque no menos importantes, se incorporaron la docencia superior en enfermería, en estomatología y en diferentes licenciaturas, carreras que también han tenido una incidencia importante en el hospital por muchos años.

Para ejemplificar el ambiente desde esos primeros años, a continuación se reproduce una carta abierta del Colectivo de Medicina Interna (4to. año entonces) dirigida a los estudiantes, que recoge el sentir de los profesores.  Este documento se reprodujo en ditto y se entregó personalmente a cada estudiante, el 21 de diciembre de 1983:

«Queridos jóvenes doctores:

En el mes de diciembre conmemoramos una serie de fechas y jornadas que lo hacen realmente singular dentro del año. Si fueran pocos los aniversarios del desembarco del Granma, de la epopeya de la batalla de Mal Tiempo o de los días finales de diciembre de 1958 que culminaron con la alborada luminosa de la liberación definitiva de nuestro pueblo el primero de enero de 1959, desde hace varios años dos jornadas tienen especial significado para nosotros: la del trabajador de la medicina latinoamericana y la del educador.

Como todos conocen, en el marco de estas dos actividades se celebran encuentros político-culturales, se redoblan los esfuerzos laborales, se reconocen los éxitos de todos y de los más destacados, pero también se hace un balance de los errores cometidos y de sus posibles soluciones, así como se fijan nuevas metas a cumplir, cada vez más ambiciosas y elevadas.

En este ambiente de reflexión sobre nuestra realidad actual y las proyecciones futuras, basadas a la vez en el análisis de la experiencia previa vivida, es que los profesores del colectivo de la asignatura de Medicina Interna quieren dirigirse a ustedes para solicitarles hacer un alto en el vertiginoso camino que junto transitamos diariamente.

Queremos, ante todo, invitarlos a que, junto a nosotros, contemplen orgullosos los logros de la Salud Pública en el país, fruto del esfuerzo colectivo de trabajadores de la salud y el pueblo, que ha hecho exclamar al Comandante en Jefe: “Los índices de salud siguen mejorando, estamos en primer lugar entre todos los países del Tercer Mundo, y estamos por encima de unos cuantos países desarrollados… no tengo la menor duda de que contando con los factores humanos con que contamos, contando con hombres y mujeres como ustedes, contando con nuestros estudiantes, contando con nuestros trabajadores internacionalistas, no hay en el campo de la salud ninguna meta que nosotros no seamos capaces de alcanzar”.

En el campo de la educación médica, nuestra Facultad de Medicina de Cienfuegos, con sus avances en el poco tiempo que tiene de fundada, es un reflejo de la situación general de la nación, donde se ha producido una verdadera revolución docente en el campo de la medicina, “universalizándose” la enseñanza a lugares insospechados hace sólo pocos años. Y de la noche a la mañana, nosotros nos vimos convertidos también en “educadores” de jóvenes futuros médicos.

Por eso, analizando los avances logrados y conociendo lo que se espera de los profesionales de la salud, en momentos como estos debemos también ser críticos y exigentes.

Nos hemos interrogado: ¿Está dando de sí, cada uno de nosotros, todo lo que es capaz de dar? Aquí nos incluimos todos, tanto profesores como alumnos.

Quizás con algunos ejemplos concretos podamos ilustrar más lo que queremos decir, refiriéndonos ya al ámbito particular de nuestra asignatura que, junto a su hermana Propedéutica, clásicamente se considera “la madre” de las áreas clínicas, por constituir la base fundamental en que se apoyan el resto de las especialidades. Entre los aspectos que consideramos que docentes y estudiantes debemos esforzarnos en el futuro, vamos a referirnos a algunos que estimamos son importantes.

Debemos profundizar en la conciencia de nuestra misión (o vocación) en la sociedad. Tenemos que “enamorarnos” de nuestra carrera, como diría el poeta, “hasta la locura”. Los consejos de Esculapio mantienen su vigencia en lo esencial, salvando las circunstancias concretas en y para las que fueron escritos. El juramento del médico soviético al finalizar sus estudios, quizás sería un buen documento para debatir y analizar entre todos.

La etapa de estudiantes, sobre todo en los años superiores, como es el 4to., es ideal para ir adentrándose a renunciar a muchas cosas que en el ejercicio de su profesión van a tener que dejar en un segundo plano por ser MÉDICOS, Aprender a quedarse sin almorzar o comer alguna que otra vez por atender a sus enfermos, realizar una guardia un día festivo o estudiar cansados hasta altas horas de la noche cuando tenemos un paciente sin diagnóstico, son situaciones que contribuyen a la formación del estudiante en todos los sentidos y forjan el espíritu de sacrificio y entrega, tan importante en el médico.

Para todo ello es necesario no ver las rotaciones por el área clínica sólo como “asignaturas” que vamos venciendo y olvidando poco a poco (como en la secundaria o en el preuniversitario), y hay que sentirse más médico y menos alumno al enfrentar estas responsabilidades, si no, a la mejor aprobamos el examen de cada disciplina, pero no el examen de la vida con la población de sanos y enfermos que tengamos que atender en un futuro no muy lejano. Entre otras cosas, es por esto que al dirigirnos a ustedes los llamamos doctores.

Nuestros pacientes esperan de nosotros lo mejor y no podemos defraudar su confianza. ¡Qué orgullo para un alumno contribuir al diagnóstico de sus enfermos o traer una pista interesante acerca del tratamiento del mismo, así como participar activa y positivamente en la relación médico-paciente, y médico-familiar! Ellos esperan que nosotros les prestemos la máxima atención y que les “resolvamos” sus problemas, en una frase: ¡Que soñemos con ellos!

Para alcanzar estos objetivos, nuestros grupos de trabajo, incluyendo médicos, personal de enfermería, técnicos, auxiliares –ya en las salas hospitalarias, como en el cuerpo de guardia o en el policlínico- deben tener conciencia de estas situaciones, para que prediquen con el ejemplo; deben ser viveros en los que la disciplina, la exigencia, el espíritu colectivo y el amor al trabajo, sean cualidades que distingan a sus integrantes y al conjunto. En estos aspectos nos falta mucho por andar.

La masividad necesaria que nos hemos planteado como vía de desarrollo, nos obliga a buscar nuevos métodos, más dinámicos y adecuados, para ser eficaces.

Es importante fomentar la iniciativa personal y la “combatividad profesional” de cada estudiante. El hecho de que tengamos asignados uno o dos enfermos por alumno, no puede frenar que se conozca el resto de los pacientes hospitalizados en cada cubículo y en cada sala. Lo mismo sucede con las guardias de seis horas o la participación de un numeroso grupo de alumnos en una pequeña consulta o una visita de terreno. Para adquirir las habilidades necesarias, hay que ver, tocar, oir, oler mucho, a tiempo y a destiempo. La observación es la primera etapa del método científico y tenemos que entrenar nuestros sentidos en nuevos derroteros (interrogar al paciente y sus familiares, auscultar, percutir, palpar, realizar procederes técnicos, etc.)

Sólo basándonos en datos verdaderos, recogidos integral y minuciosamente y que contemplen también aspectos psíquicos y sociales, podremos aspirar –empleando el camino que nos enseña la teoría del conocimiento- a elaborar una hipótesis diagnóstica y posteriormente a confirmarla o no, a orientar adecuadamente los exámenes complementarios y el tratamiento en el más amplio sentido. La aplicación del método científico a nuestra práctica médica es, por tanto, otro aspecto que constantemente debemos cuidar y desarrollar.

En este proceso el alumno no puede permanecer pasivo. Tiene que jugar un papel fundamental, poniendo incluso en tensión al docente, al plantearle dudas, cada vez más complejas, y que requieren de una creciente capacitación de los profesores. No dejar las dudas para los días previos al examen, sino traerlas a diario.

Sólo así nos podremos plantear investigaciones que respondan a nuestras necesidades y con una metodología adecuada, dimensión que no debemos olvidar, tanto en el futuro médico como en el profesor, pero que no se puede ver desvinculada de esta realidad, como algo diferente.

La política de fortalecer cada vez más el prestigio del médico de atención primaria y de dedicar un número importante de futuros graduados a trabajar en áreas rurales, policlínicos e, incluso, grupos de familias, nos pone de manifiesto la importancia de prepararnos bien en la atención del adulto en el sentido más general, como uno de los aspectos fundamentales en la formación del nuevo médico generalista, que responda a las crecientes necesidades sociales de nuestra población, con un enfoque integral, tanto preventivo como curativo.

Por último, el ausentismo estudiantil -¿futuro ausentismo laboral?- debe evaluarse permanentemente. Hay que erradicar las ausencias con justificaciones no consistentes, pues ahora se traduce en la falta a una clase, o un día a la sala o al policlínico, entre un grupo numeroso de alumnos, pero luego puede convertirse en un mal hábito laboral y traducirse en una falta a guardias, consultas o pases de visitas, con gran afectación en la prestación de esos servicios.

En fin, queridos compañeros, estamos convencidos y confiados en que con su esfuerzo, su actitud y su calidad humana y revolucionaria, sabrán superar con creces las dificultades actuales que hemos analizado y no defraudarán a nuestro pueblo, ni a sus profesores como parte de él, en el empeño de que sean el relevo necesario, médicos humanos, con alta preparación científica y práctica, para convertir en un futuro no lejano a nuestro país en algo que no puede quedarse en el marco estático de una consigna, sino que constituya una realidad palpable: una potencia médica.

Ese sería el mejor regalo que pudieran ofrecernos y a la vez la mayor satisfacción de quienes les pedimos nos perdonen, y a la vez critiquen, nuestras insuficiencias, para superarlas, pero que hoy están más dispuestos que nunca, en la medida de nuestras posibilidades, a servir a la sociedad que nos confió la alta misión de ser médicos y educadores.

¡Que nuestros futuros médicos sean más humanos, más científicos y más trabajadores!»

Todo el personal relacionado con la docencia, profesores y educandos, se ha involucrado una y otra vez en la práctica asistencial del hospital, incluyendo un papel protagónico en algunas epidemias que nos han azotado, cuyo ejemplo cimero fue durante la de dengue en 1981.2 También han tenido un papel fundamental en el área de la ciencia y la técnica, con gran cantidad de investigaciones y trabajos originales llevados a cabo en el hospital, presentados, publicados y muchos de ellos con resultados introducidos a la práctica.

Aunque siempre existió un ambiente de superación de los profesionales del hospital, se debe resaltar que, a partir de la segunda mitad de la década de los 90, se impulsó por la dirección del centro un fuerte movimiento de mejoramiento de la calificación científica y docente del personal del hospital –sobre todo profesional-, con eventos masivos y con rigor, en torno al Fórum de Ciencia y  Técnica  de  base,  incremento  sostenido  de número  y  la  calidad  de  las  publicaciones  de autores  del  centro,  categorización  docente, categorización de investigadores, incremento de especialistas de segundo grado, de  másteres  y  de doctores  en  ciencias. 

Cientos de profesores –cada vez con una mayor proporción de ellos con categorías superiores- y miles de educandos han sido formados en las instalaciones de nuestro hospital, en pre y posgrado, de todas las carreras y perfiles que se han acreditado en la provincia. La organización y el desarrollo posterior del proceso docente-educativo en el hospital durante ya casi cuatro décadas, ha permitido que se alcancen paulatinamente niveles que han sido reconocidos nacionalmente y que solo se logran incorporando pasión a los conocimientos y habilidades adquiridos.

Un detalle que en ocasiones se pasa por alto ha sido el papel integrador, tanto asistencial como docente, que siempre ha jugado el Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima -tal si fuera un hermano mayor-, en sus relaciones con los demás hospitales provinciales, con ribetes especiales en las primeras décadas, cuando la plantilla de especialistas en diversas disciplinas aún no se había desarrollado de manera suficiente en los otros centros. Es el caso de los servicios quirúrgicos prestados, sobre todo en el Hospital Pediátrico, en cirugía general, ortopedia y traumatología, quemados y cirugía reconstructiva, urología, oftalmología, otorrinolaringología, anestesiología; también por medicina interna en la Maternidad; sin olvidar las estrechas relaciones con la unidad de cuidados intensivos, tanto a las pacientes maternas en estado crítico, como a los niños, hasta que se inauguraron las Terapias Intensivas Pediátricas después de la epidemia de dengue de 1981.

Debido a una reconstrucción capital del Hospital Paquito González, que se realizó a mediados de los años 80, se abrieron de nuevo las puertas del Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima para el traslado de los servicios hospitalarios del Pediátrico, que se ubicaron durante varios meses en diferentes salas del cuarto piso, lo que permitió continuar ininterrumpidamente su labor asistencial y docente.

A partir del año 2000, con el traslado de los servicios del antiguo Hospital de Maternidad Mártires de Playa Girón a nuestro centro, se ampliaron las posibilidades de docencia en las áreas de Ginecología, Obstetricia y Neonatología, también con logros indiscutibles.

Hay que señalar la valiosa experiencia acumulada por dos décadas por  ginecobstetras,  neonatólogos  y  todo  el personal del antiguo Hospital de Maternidad, antes de su integración al Hospital Dr. Gustavo Aldereguía Lima, pues sus resultados, tanto asistenciales como docentes, siempre estuvieron a la altura de los mejores del país. Sería muy conveniente –y es tarea pendiente- que sus logros se  difundieran de manera detallada,  por  sus  propios protagonistas, así como “las  posibles  causas  de  esos resultados”  para  provecho,  sobre  todo,  de  las nuevas generaciones de profesionales, técnicos y trabajadores  que  se  dedican  al  cuidado esmerado de ese importante binomio que es la madre y el niño.

Han sido Vicedirectores Docentes del hospital -y de manera simultánea se desempeñaron como Vicedecanos del área clínica de la Facultad, una vez constituida la misma y hasta fines de los años 90- los siguientes compañeros: Dr. Julio Miñoso Andina, Dr. Raúl Fernández Pérez, Dr. Antonio Pérez Herrera, Dr. Fausto Castillo Franco, Dra. María Luisa Quintana Galende, Dr. Orestes Álvarez Fernández, Dr. Julián Viera Yaniz, Dr. Emiliano Diez Martínez de la Cotera, Dr. Ángel Julio Romero Cabrera, Dr. Alfredo Espinosa Brito, Dr. Luis Gustavo del Sol Padrón, Dra. Marta Casanova González, Dra. Josefina de la Rosa y Dr. Daniel Olivera Fajardo. Ellos han contribuido decisivamente a dar coherencia y unidad al trabajo docente, en medio de la diversidad de servicios, departamentos y cátedras que tienen su asiento en el hospital. A su vez, los sucesivos directores del hospital han respaldado siempre –con mayor o menor intensidad y aciertos- la labor docente del centro. Sus nombres: José Ignacio Goicoechea Boffil, Miguel Ávila Díaz, Juan Bereau Velázquez, Emiliano Diez Martínez de la Cotera, Omar Rojas Santana,  Pedro  Ordúñez  García,  Juan  Luis  de Pazos Carrazana, Salvador Tamayo Muñiz2 y Maritza Rodríguez Gavín.

Solo a manera de ejemplo, para ilustrar el peso que tiene el hospital actualmente en la docencia médica de la provincia, se debe señalar que la matrícula  de estudiantes de pregrado es de 1525 (70,78 % del total de la Universidad de Ciencias Médicas) y de posgrado (residentes solamente): 310 en 32 especialidades, de ellos 21 residentes autofinanciados y 36 financiados.c

En relación con la pirámide docente actual, el hospital contaba al final del 2015 con 329 profesores activos, de ellos: 5 titulares, 61 auxiliares, 173 asistentes y 90 instructores. Además, 17 profesores consultantes, 1 profesor de mérito, 1 académico de mérito, 301 másteres en ciencias y 7 doctores en ciencias.  Cuenta con 205 Especialistas de II Grado (47 % del total de especialistas). También tiene aprobada una Unidad de Ciencia e Innovación Tecnológica, con 103 investigadores categorizados, 5 titulares, 8 auxiliares, 88 agregados y 2 aspirantes.c Los autores del hospital han publicado más de 1500 artículos en los últimos 15 años, la gran mayoría disponibles en la página web del centro, y más 10 libros.

Entre otras actividades se fueron desarrollando muchas especialidades con profesionales propios, formados aquí; se han llevado a cabo investigaciones que han tributado a tesis de especialidades, de maestrías y de doctorados, que han sido motivo de reconocimientos y premios a diversos niveles. En el hospital, desde su inauguración, se han celebrado múltiples eventos científicos que han incluido Congresos y Jornadas Nacionales. Se han obtenido, entre otros, 34 galardones en el Concurso Premio Anual Nacional de la Salud y 2 en el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba, así como Reconocimientos del Fórum de Ciencia y Técnica a nivel nacional. Es institución auspiciadora de la Academia de Ciencias de Cuba y Centro colaborador de la OMS/OPS.

Desafíos en medio de tantos logros

Sin embargo, todo no ha sido color de rosa. En la práctica cotidiana, para algunos no siempre ha sido bien comprendido, en su sentido más amplio, el calificativo de “universitario” para un hospital, por más que se repita, incluyendo a responsables administrativos y autoridades de estas instituciones -cuyo objetivo prioritario es prestar servicios de salud-, más acostumbrados a solucionar problemas urgentes de orden práctico.

Los documentos reglamentarios,9,d los planes, las indicaciones más importantes del MINSAP, paradójicamente, tampoco ayudan mucho en este sentido, pues están dirigidos predominantemente a su misión principal, la asistencial de los servicios de salud -y ¡qué bueno que sea siempre así!-, aun cuando también se mencione la labor docente, pero en un tono menor.

A esto se añade que, por una razón u otra, que no es del caso analizar aquí, los que dirigen las instituciones asistenciales a diferentes niveles, en muchas ocasiones no han ejercido de manera real y sistemática –o no han podido ejercer por sus ocupaciones y otras razones de peso- la actividad docente directamente en la base, tal como se concibe hoy en la organización de nuestras universidades médicas. Esto implica que, dadas las regulaciones metodológicas vigentes -que dependen del Ministerio de Educación Superior y que no contemplan siempre todas las adecuaciones necesarias para el sector de la salud-, o no ostentan formalmente categorías docentes, o solo poseen las menores, a diferencia de muchos de sus subordinados, incluyendo algunos con menos potencialidades, que sí las ostentan, porque han cumplido con los “requisitos/trámites” formales –cada vez menos exigentes- que se piden. Esta situación conlleva a que muchos dirigentes administrativos tengan poca participación activa en la enseñanza directa con educandos y escasa influencia en actividades metodológicas, prestigio como docentes, etc., en los diferentes “claustros”. Estas circunstancias los hace, en ocasiones, hasta rechazar -de manera consciente o no- todo lo que venga de este campo, resultado al final contraproducente para todos.

La mayor confusión se origina todavía si se concibe una institución de salud solo como un “escenario docente” (“espectador pasivo”) por el que transitan, año tras año, cientos y miles de estudiantes de pre y posgrado –cubanos y, cada vez más, extranjeros-, a partir de planificaciones de matrículas –en los últimos años “excesivas” para las capacidades instaladas, cual “overbooking” docente, cuya masividad pone constantemente en riesgo la calidad del proceso docente-asistencial.

Además se debe agregar los planes de estudio confeccionados en otras instancias y que actualmente en buena medida provienen de indicaciones superiores, centralizadas y homogéneas para todas las Universidades Médicas del país –no negociadas participativamente con los claustros locales-; lo cual da por resultado que entonces no se logra la ansiada “integración”. Muchas veces no se entiende en la práctica que la  Universidad de Ciencias Médicas y el Hospital Universitario “son la misma cosa”, y que no se debe hablar como dos instituciones diferentes, por lo que no deberían existir distancias ni barreras. 

A lo anterior se añade que la organización de los servicios del hospital, con frecuentes cambios –incluidos muchos ante contingencias de salud, por ser una institución de servicios viva, dinámica, que tiene que responder al cuadro de salud de la provincia momento a momento-, no ha estado siempre -o no ha podido estar- en correspondencia y al mismo ritmo que los cambios acaecidos en la educación médica a lo largo del tiempo –también cada vez más frecuentes- ni, al parecer, los cambios en la docencia se han coordinado sistemáticamente de manera adecuada con las modificaciones ocurridas en los primeros, todo lo cual ha podido incidir negativamente en ocasiones en el proceso docente-educativo y en la formación de los estudiantes durante el pregrado, sobre todo en el denominado ciclo clínico, pero también en el posgrado.  Así, la deseada integración docente-asistencial no ha sido tan fácil de lograr de manera constante y el equilibrio necesario ha sido más bien fruto del callado trabajo y el sacrificio de grupos de profesionales abnegados que han sabido superar esas contradicciones.

Otro aspecto que en la actualidad se  constata de manera evidente es  que la institución hoy constituye  un  verdadero  complejo hospitalario,  con  tres  hospitales  en  uno: Clínico-Quirúrgico –el tradicional inicial-, Maternidad –integrada desde el 2000- y Centro Especializado Ambulatorio –desde 2009-, cada uno con  “autonomías relativas”, con múltiples  y heterogéneos servicios  y  departamentos,  con diversos niveles de desarrollo, con concepciones, “culturas”,  misiones,  condiciones,  dinámicas, expectativas  e  incluso pacientes, familiares, trabajadores y educandos “diferentes” entre sí. Esta situación plantea desafíos mayores.10

Hay que estar precavidos a que, por falta de idóneos, surjan “profesores” improvisados, “másteres de Power Point” y  especialistas de II Grado que nadie quiere que los atienda como enfermos ni a él ni a su familia. Hacen falta “verdaderos maestros”, que se lo crean y que se entreguen. Pero tienen que ser reconocidos y diferenciados. Es lamentable que en las listas de guardia, en el número de camas asignadas, en el tipo de actividades docentes encomendadas, etc., etc., con mucha frecuencia haya habido un igualitarismo tal que un profesor titular o auxiliar de verdad, por ejemplo, –por falsos conceptos de amistad o solidaridad o por “necesidad”- tenga igual o mayor “carga de trabajo” que otros que, o no tienen categoría docente, o no la ejercen, o no la merecen. Es una típica inequidad. Todo esto ocurre cuando hace falta urgente que los más calificados y entregados –de forma demostrada- tienen que jugar un papel de líderes de los procesos a todos los niveles y funciones “teóricamente más estratégicas”.

Desde el inicio del hospital los estudiantes de medicina y de enfermería y luego de otras carreras, como la de estomatología, la psicología de la salud y las diferentes licenciaturas de tecnologías, han aportado mucho al desarrollo integral del centro en los diferentes servicios y departamentos. La participación activa de internos y residentes ha sido determinante muchas veces en los resultados alcanzados. Sin embargo, la estabilidad de estos esfuerzos no ha sido siempre la mejor, con etapas florecientes con intervenciones muy activas por parte de los estudiantes de diferentes niveles y otras, en que tal parece que existe una actitud bastante pasiva, recordando a la del “pichón”. Claro, que esto depende también del papel de los educadores en la motivación y control de esos comportamientos. Asimismo, la participación de las organizaciones juveniles (UJC y FEU) es clave en estos propósitos de educar –no solo instruir- a los jóvenes.

Algunas recomendaciones

En octubre de 2013, en un encuentro entre autoridades del Hospital y la Universidad de Ciencias Médicas  señalaba que:

  • La docencia debe estar siempre presente en la misma esencia del hospital universitario, no como algo extra
  • Los jefes de servicio son el eslabón clave de todo el proceso docente- educativo que se desarrolla en el hospital y los máximos responsables de su organización y ejecución, así como de la formación de su personal y de los educandos de pre y posgrado
  • Se debe tener en cuenta la complejidad de la educación médica, con “estratos bien definidos” que requieren de objetivos y actividades diferentes para estudiantes, internos, residentes, e incluso especialistas jóvenes y viejos, pero que todos desarrollan sus actividades simultáneamente en el mismo lugar
  • Hay que motivar,  involucrar/comprometer a todos en la enseñanza, tengan o no categoría, residentes, alumnos ayudantes/instructores no graduados. A muchos, de los que luego han sido magníficos profesionales, les enseñaron sus primeros pasos alumnos de años superiores y residentes, sobre todo en relación a las habilidades, en las diferentes estancias
  • Debido a la organización fragmentada de los servicios y departamentos, que dificulta la visión integrada de la formación, se debería favorecer continuamente la  interrelación entre las diferentes disciplinas
  • Se debe impulsar una coordinación adecuada entre jefes de grupos, jefes de servicio, jefes de cátedras, jefes de cualquier estructura docente de diferentes instancias, sobre todo al identificar/planificar necesidades de nuevos especialistas (residentes), tanto en su cantidad, como en la mejor selección desde el punto de vista cualitativo (idoneidad)
  • Hay necesidad que todos los que estén al frente de una responsabilidad docente tengan, además de su competencia profesional en la especialidad correspondiente, conocimientos básicos y habilidades en administración de salud/salud pública, que les permita también  conocer, interpretar y actuar sobre la base del análisis de la situación de salud local y nacional de cada momento, sin descuidar el conocimiento de las tendencias principales de la salud y la medicina mundial, por las necesidades de misiones en otros países y de alumnos extranjeros
  • Es importante que los profesores estén preparados para enseñar el “gran panorama” de la medicina y de la vida con amor y con ética
  • Hay necesidad de volver una y otra vez a las raíces de la educación cubana con Varela, Luz y Caballero, Martí, Varona
  • Regla de oro para los profesores: las palabras mueven, los ejemplos arrastran.

Comentario final

Los hospitales mantienen un primerísimo papel en la nueva época que se vive y como tales hay que considerarlos como centros ideales de alta  resolutividad para la asistencia de las personas aquejadas de enfermedades y lesiones que no pueden ser solucionadas en la APS -especialmente las agudas, las complejas y las graves-, así como por ser instituciones de largo historial de amparo, confianza y prestigio en las sociedades, que cuentan con un valioso personal especializado en diversos campos –tanto para la atención médica directa como de apoyo-, poseen disímiles tipos de equipamientos, tecnologías y, en general, una infraestructura apropiada para cumplir con sus misiones, así como desarrollar múltiples procesos organizativos de gran importancia dentro de los servicios de salud; constituyen un espacio idóneo para la formación de pre y posgrado de los profesionales y, en general, se espera que sean símbolos del buen desarrollo de la vida, la salud y la felicidad de las comunidades.11

¡Cuántos avatares en estos 37 años! Cuando se hace un balance global son muchas más las luces que las sombras. Los “indicadores de resultados” están a la vista (número de graduados, especialistas, claustro de profesores, nuevas carreras, matrícula, proyección internacionalista, premios, etc.) Pero, lo más rico ha sido el proceso. ¡Ese caminar juntos...! ¡Cuánto hemos aprendido unos de otros! ¡Cuánto hemos hecho unidos! La docencia ha teñido con un color de esperanza todos los servicios de salud de nuestra provincia y en especial a nuestro hospital. Ha trascendido nuestras fronteras, para orgullo de todos.

La gran mayoría de los que han dedicado buena parte de sus vidas a la bella tarea de la educación médica superior en Cienfuegos –y el hospital ha jugado un papel que se considera trascendente- han tratado de llevar modestamente al resto de nuestros colegas y estudiantes, durante estas casi cuatro décadas, la visión del “gran panorama”, de la medicina y de la salud pública  –científica y humanista a la vez-, así como de la pertenencia a una sociedad que ha estado enfrascada en la búsqueda difícil, pero incesante del “hombre nuevo” universal, con mayor o menor éxito.12-14 Siempre ha tenido un valor especial la frase del padre Varela: “los maestros viven en sus discípulos”. Aunque se sienta que los esfuerzos realizados han sido grandes, si no se han logrado los propósitos, si han quedado por debajo de las expectativas o necesidades, también hay que pedir perdón. Hay que estar conscientes que esta ha sido una de las mayores misiones, que deparó la historia o el azar, encomendadas a los profesionales docentes de este hospital universitario y reconocer que muchos otros compañeros hubieran desempeñado estas tareas con iguales o mejores resultados.

El hospital universitario del futuro en Cienfuegos no puede copiar una receta que venga “de afuera”, se tiene que desarrollar por  nosotros  mismos,  basados en las políticas generales de nuestro Sistema Nacional de Salud, pero “cienfueguerisándolas”, para que respondan al  legado martiano de “con todos y para el bien de todos”,  teniendo  muy  presente  siempre cumplir el mandato de que  el  hospital  sea “símbolo de la salud, la vida y la felicidad de los  cienfuegueros”15 y que “es imposible cerrar las puertas” (del texto de la canción “Después de 25”, dedicada por los hermanos Novo al 25 aniversario del hospital). Claro, con los recursos indispensables  para  seguir  avanzando,  aunque esto  no  niega  que  estemos  al  tanto  de  las tendencias más progresistas que existan en el mundo y en el país, sobre todo aquellas que concuerden con nuestra  cultura,  nuestro  proyecto  social  y nuestra realidad.

Nuevas metas y nuevos retos se vislumbran en esta nueva época que se vive. Sin embargo,  los más veteranos que quedamos aquí estamos, como el primer día, comprometidos y dispuestos a seguir soñando juntos con los más jóvenes, por edificar un mundo cada vez mejor entre todos. Gracias a tantos que nos han ayudado, especiales para nuestros maestros y nuestros estudiantes.

 

Agradecimientos especiales para la confección de este trabajo: Al Dr. Antonio Velázquez Águila, al Dr. Pedro Hernández Sánchez, al Lic. José A. Pomares Alfonso, a la Cra. Alexis Brito Rodríguez, por facilitar recuerdos e informaciones valiosas relacionados, sobre todo, con las primeras etapas de la Educación Médica Superior en el Hospital.

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a Pino Blanco RJ, Espinosa Brito AD.  Apuntes históricos sobre el desarrollo de la Medicina Interna en Cienfuegos. Sesión del  Capítulo Provincial de la Sociedad Cubana de Medicina Interna en Cienfuegos, Diciembre 13, 2008.

b Ríos Rodríguez A. Apuntes para la historia de la cirugía y los cirujanos en Cienfuegos. Premio relevante en Fórum de Ciencia y Técnica. Hospital “Dr. Gustavo Aldereguía Lima”, Julio 7, 2009. 

c Hospital General Universitario “Dr. Gustavo Aldereguía Lima”. Resumen del informe de balance del departamento de docencia.  Cienfuegos, diciembre  2015

dHospital Universitario “Dr. Gustavo Aldereguía Lima”. Consejo Consultivo Superior. Dictamen detallado del plan de gestión 2013. Cienfuegos, Enero 6, 2014

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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2 Espinosa Brito AD. Apuntes sobre el hospital de Cienfuegos. Medisur [revista en Internet]. 2014 [citado 7 Feb 2015];12(6):[aprox. 16p]. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1727-897X2014000600003
3 Fernández Urquiza M, Espinosa Brito A, Pino Blanco R, Velázquez Águila A, del Sol Bonet M, Angulo Valladares L. Resumen histórico de la docencia de posgrado en la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Medisur [revista en Internet]. 2014 [citado 10 Dic 2015];12(1):[aprox. 5p]. Disponible en: http://www.medisur.sld.cu/index.php/medisur/article/view/2653
4 Pomares Alfonso JA. Historia de los decanos de la Facultad de Ciencias Médicas Raúl Dorticós Torrado. Medisur [revista en Internet]. 2007 [citado 22 Feb 2016];5(3):[aprox. 14p]. Disponible en: http://www.medisur.sld.cu/index.php/medisur/article/view/366/414
5 Espinosa Brito AD. Memorias de la atención a enfermos durante la epidemia de dengue de 1981. Medisur [revista en Internet]. 2014 [citado 20 Sep 2014];12(4):[aprox. 8p]. Disponible en: http://medisur.sld.cu/index.php/medisur/article/view/2839
6 Bermúdez López JM, Espinosa Brito AD, Espinosa Roca AA. Early contact with patients is beneficial in Cuba. BMJ. 2004;329:834
7 Espinosa Brito AD, Espinosa Roca AA, Del Sol Padrón LG, Bermúdez López JM. Clinical and communication skills. Learnt side by side in Cuba. BMJ. 2005;330:374
8 Arky RA. The Family Business — To Educate. N Engl J Med. 2006;354:1922-6
9 Ministerio de Salud Pública. Reglamento General de Hospitales. La Habana: MINSAP; 2007
10 Falcón A, Navarro VR, Molina RM, Morejón O, Araña Y, Reyes H. Primer Centro Especializado Ambulatorio en Cuba y sus resultados en tres años de trabajo. Rev Cubana Salud Pública [revista en Internet]. 2015 [citado 20 Feb 2016];41(1):[aprox. 10p]. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-34662015000100011
11 Espinosa Brito AD, Del Sol Padrón LG, Corona Martínez L, Rivero Berovides JD, Romero Cabrera AJ, Martínez Diez de la Cotera E. El hospital como escenario docente de pregrado. Experiencias en la enseñanza-aprendizaje del método clínico. Revista INFODIR [revista en Internet]. 2009 [citado 20 Feb 2016];(8):[aprox. 10p]. Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/infd/n809/infd1109.htm
12 Espinosa Brito AD. Medicina Interna, ¿qué fuiste, qué eres, qué serás?. Rev Cubana Med. 1999;38:79-90
13 Espinosa Brito AD. Constitución de la Sede Alternativa de la Academia de Ciencias de Cuba en Cienfuegos. 20 de enero de 2000. Revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba [revista en Internet]. 2015 [citado 23 Feb 2016];5(2):[aprox. 9p]. Disponible en: http://www.revistaccuba.cu/index.php/acc/article/view/352/284
14 Espinosa Brito AD. La formación social del médico. Rev Cubana Salud Pública. 2005;31(4):327-31
15 Castro Ruz F. Discurso pronunciado en el acto de inauguración del Hospital Clínico-Quirúrgico de Cienfuegos, Marzo 23, 1979 [Internet]. La Habana: Consejo de Estado; 1979 [citado 26 Ene 2016]. Disponible en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1979/esp/f230379e.html

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