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FOLLETO

Apuntes para la historia de la docencia de la Histología en Cuba. Siglo XVIII al XX

Notes on the History of Histology Teaching in Cuba. From the XVIII to the XX Centuries

1 Ministerio de Salud Pública, Viceministerio de Docencia e Investigaciones, La Habana, La Habana, Cuba


INTRODUCCIÓN

Al recordar una frase del Dr. Pedro García Valdés (Profesor de Historia en la Escuela  Normal de Pinar del Río)  en la cual afirmó: "Prescindir del pasado es atentatorio a la dignidad, y, olvidarlo es renunciar a la historia, que debe ser el mejor tributo a la consideración de las gentes", nos sentimos obligados a abordar la docencia de la Histología en Cienfuegos, y esta actividad en centros nombrados rectores para la enseñanza de la Medicina en nuestro país, como la Universidad de La Habana, la Universidad de Oriente y la Universidad Central de Las Villas.

Por su relación, no sólo geográfica, sino también científica, en la formación de recursos humanos y suministro de materiales docentes, fue necesario indagar aún más sobre los comienzos de la docencia en la Universidad Central de Las Villas, que es, sin dudas, el antecedente más directo que tiene la docencia médica cienfueguera en general, y  la  enseñanza de la Histología, en lo particular. Es por ello que los apuntes sobre estos dos sitios tienen una mayor amplitud referencial en el cuerpo de la monografía que  el resto de los centros señalados.

Es imprescindible aclarar, además, que los límites cronológicos observados en el trabajo no constituyen cortes tajantes de los hechos, porque en la docencia de la Histología, como en otros acontecimientos históricos, existe continuidad en el tiempo y muchas veces no es posible separarlos o dividirlos en etapas con límites precisos.

Este trabajo constituye una reseña histórica sobre la enseñanza de la Histología que puede servir a estudiantes y profesionales de la salud, para elevar sus conocimientos referentes a la historia de la medicina en general, y a esta rama en lo particular.

Sirva pues este esfuerzo para motivar a los especialistas en la temática, de modo que, con su participación,  podamos escribir en el futuro la historia de la Histología en Cuba.


CAPÍTULO I.-ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA HISTOLOGÍA

La Histología, al igual que otras ciencias morfológicas (Antropología, Anatomía, Embriología y Citología), pertenece a la categoría de las ciencias fundamentales que estudian las regularidades sobre la estructura de la materia viva en  los diferentes  niveles organizativos.

Etimológicamente la palabra histología proviene del griego histos que significa tejidos y logos que significa estudio o ciencia de; no es más que la ciencia de los tejidos.  

A finales del siglo XVI, en Holanda, los hermanos Han y Zacharias Janssen construyeron el primer microscopio compuesto. Galileo Gali­ei (1564-1642), célebre por sus estudios en Astronomía, fue  uno de los primeros investigadores que utilizó el microscopio para fines científicos.

Los microscopios, perfeccionados, se utilizaban cada vez más por los científicos de diversas épocas. En 1665 el físico inglés Robert Hooke  perfeccionó aún más el microscopio, lo  cual permitió observar la estructura fina de los tejidos. A Hooke se le atribuye el primer trabajo publicado sobre microscopia con el título de "Micrografía de algunas descripciones fisiológicas de cuerpos diminutos realizado por lentes de ampliación", editado en Londres por la Sociedad Royal.

Los primeros microscopistas de la segunda mitad del siglo XVII, además del mencionado físico Robert Hooke, fueron el anatomista Marcello Malpighi, el botánico Nehemiah Grew, el óptico aficionado Anthony Van Leeuwenhoek y varios más que, con la ayuda del instrumento, describieron la estructura de la piel, el bazo, la sangre, los músculos, el líquido espermático y otros.

A Marcello Malpighi se le considera el fundador de la Anatomía Microscópica y uno de los más importantes biólogos de todos los tiempos. Nacido en Crevalcore, provincia de Bologna, Italia (1628), cursó sus estudios en la Universidad de Bologna donde consiguió el doctorado en Medicina y Filosofía (1653).

El concepto de tejido fue  introducido en el lenguaje  de la Biología por Marie Francois Xavier Bichat, un destacado anatomista y fisiólogo francés (1771-1802). A Bichat le llamaron tanto la atención las distintas texturas de las capas y estructuras del organismo, observadas en las disecciones macroscópicas, que escribió una obra sobre los tejidos del organismo en la cual nombró  más de veinte.

Sin embargo, no utilizó el microscopio para clasificar estos tejidos pues consideró que su empleo podía conducir a crear  nociones equivocadas, y  por aquel entonces los microscopios eran instrumentos muy imperfectos. Además, no definió la palabra histología aunque, según la definición etimológica del término, puede considerársele el primer histólogo.

Diecisiete años después de la muerte de Bichat, la palabra histología fue establecida por un microscopista, y desde entonces se ha considerado una materia de estudio que se vale del microscopio.

El carácter casual de muchos descubrimientos en el campo de la ciencia, la imperfección de los microscopios y la concepción metafísica del mundo no permitió durante un siglo dar pasos esenciales con respecto al conocimiento de las regularidades de la estructura microscópica de los animales y las plantas.

A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con la ayuda de los trabajos de muchos científicos y maestros, fueron creados los microscopios acromáticos con los cuales se lograron observaciones microscópicas más auténticas y fue posible pasar al estudio sistemático de los tejidos animales y vegetales más diversos.

En cuanto a los métodos utilizados para la obtención de cortes, al principio se emplearon simples navajas, pero las secciones conseguidas eran muy gruesas e irregulares. Gabriel Gustav Valentín había ideado, en 1838, cuchillos con hojas paralelas ajustables, pero sus limitaciones fueron también evidentes.

Tras una compleja evolución en la que participaron numerosos autores, el primer micrótomo con precisión mecánica fue inventado por Wilhelm His (1866). Con posterioridad sirvió de modelo el diseñado por Richard Thoma (1881).

Los colorantes habían sido empleados de manera ocasional desde la época de Leeuwenhoek y durante la primera mitad del siglo XIX por autores como Ehrenberg y Cohn. Pero el verdadero fundador de las técnicas de coloración histológicas fue Joseph Von Gerlach (1820-1896).

El origen de la moderna Histología se encuentra en la primera mitad del siglo XIX, principalmente en la  "e" (Anatomía General) de Henle (1841), que integró la teoría celular con la noción de tejido procedente de Bichat. Su conformación más completa  se produjo a lo largo de la segunda mitad de la centuria.

Desde el punto de vista científico este dependió de los progresos alcanzados por la investigación citológica, sin embargo, esta última no había alcanzado entonces la categoría de disciplina independiente. Esta fue cultivada dentro de la Zoología, la Botánica o la Anatomía Humana normal y patológica, esferas científicas a las que pertenecieron la inmensa mayoría de sus autores. Solamente en los años de transición al presente siglo se inició la independencia de la Citología, cuyo punto de partida suele simbolizarse con la aparición de la obra de Oscar Hertwig, Zelle und Gewebe (Célula y Tejido) (1893).

La autonomía que, por el contrario, consiguió el saber histológico, fue posible, en primer término, gracias a que buena parte de los institutos anatómicos de las facultades de medicina alemanas centraron en esta materia sus trabajos de investigación. De ellos provino el impulso fundamental y más temprano al que luego se sumaron las contribuciones de los demás países y de otro tipo de instituciones. Este impulso tiene en las figuras de Rudolph Albert von Kolliker (1817-1905) y Maximilian Schultze (1825-1874) dos grandes científicos, ambos, directores de institutos anatómicos en escuelas médicas alemanas. El primero fue profesor de Wurzburgo y autor del Handbuch der Gewebelebre des Menschen (Manual de los Tejidos Humanos)  (1852), primer tratado histológico moderno. El segundo, profesor en Bonn y fundador del Archiv fur mikroskopische Anatomie (Archivo para Anatomía Microscópica) (1865), primera revista importante consagrada a la disciplina.


CAPÍTULO II.-LA ENSEÑANZA DE LA HISTOLOGÍA EN CUBA

1.-Siglos XVIII y XIX

La Universidad de La Habana se autoriza el 12 de septiembre de 1721, a través de una Carta Apostólica del Papa Inocencio XIII, licencia por la que se le concede al Convento de la Orden de Predicadores de San Juan de Letrán poderes para otorgar títulos por los estudios cursados en el mismo; este recibió entonces las mismas prerrogativas que disfrutaba  el Convento de Santo Domingo, en la ciudad del mismo nombre, en La Hispaniola (hoy República Dominicana).

Los Dominicos, que habían fundado la primera Universidad de América en 1538, la Real y Pontificia de Santo Tomás de Aquino en su Convento de Santo Domingo, y que habían logrado igual objetivo en conventos de su misma orden para establecer las de Lima en 1551, México en 1557, Quito en 1586 y Bogotá en 1592, maduraron la idea de crear también un centro de enseñanza superior en La Habana.   

El original del Breve de S.S. logró el pase por el Consejo Real de las Indias el 27 de abril de 1722 y el 5 de enero de 1728 la Universidad fue fundada en el viejo Convento San Juan de Letrán, en La Habana. El rey Felipe V confirmó su fundación por la Real Cédula el 23 de septiembre de 1728; y el 26 de julio de 1734 aprobó sus estatutos y reglamento.

Así, por gestiones de la Orden de Predicadores y dirigida por ella, se inició en Cuba la enseñanza superior, lo que constituyó indiscutiblemente un gran paso de avance en nuestro desarrollo cultural.

La Universidad cubana nació en una era de general decadencia intelectual en la cual el resto de  las universidades de otras partes del mundo se hallaban en su más bajo nivel científico. Los una vez grandes centros de instrucción europeos: París y Bologna, Oxford y Salamanca, habían venido a menos con la desaparición de la dorada edad de la supremacía feudal, del cuantioso patrocinio de los reyes, de la renovación cultural del Renacimiento, extinguidos por la decadencia económica derivada de las crecientes contradicciones entre el modo de producción feudal y la organización de la sociedad. Como reflejo de este proceso, la Iglesia Católica Romana, bastión moral del señorío feudal, se estremecía bajo las acometidas del movimiento reformista protestante. Los consiguientes esfuerzos desesperados de la clase dominante para salvarse, aferrándose a las estrechas y caducas doctrinas autoritarias establecidas, redundaron en un estancamiento intelectual que caracterizó las últimas décadas del siglo XVII y la mayor parte del XVIII, y se concentró particularmente en los centros tradicionales del más alto aprendizaje: las universidades.

Como reflejo de la pérdida general de su condición de potencia europea de alt

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Editada en la Universidad de las Ciencias Médicas de Cienfuegos