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CARTA AL EDITOR

Batas blancas

1 Hospital Universitario “Dr. Gustavo Aldereguía Lima”, Cienfuegos, Cienfuegos, Cuba, CP: 55100


El arte de sanar como una profesión docta existe desde los inicios de la humanidad. Muchas han sido las teorías y métodos diagnósticos y terapéuticos utilizados por el hombre, que se han puesto en práctica desde tiempos ancestrales hasta nuestros días.

En siglos pasados los médicos del viejo continente se vestían de negro, desarrollaban su profesión en la práctica y se basaban en escasos conocimientos anatómicos y algunos principios teocráticos. Su praxis se encontraba en constante divergencia y dependía de la sociedad y del criterio de la clase dominante.

El vestirse con batas blancas va más allá de una simple conducta higiénica por parte del personal médico y paramédico. Culturas milenarias, como la de los esenios, nos dejaron este legado objetivo como una manifestación subjetiva de conductas y posiciones ante la vida, las cuales llevarían a la humanidad hacia un mejoramiento.

Es asombroso saber que hace más de dos mil años, una fraternidad de hombres y mujeres vivían juntos en una comunidad y portaban las semillas de las futuras ciencias médicas. Los esenios practicaban regularmente la hospitalidad, y tenían edificaciones especialmente construidas para este propósito. La forma en que sanaban a los enfermos dentro de estos edificios, es el origen de la existencia de nuestros hospitales modernos. En estos sitios se impartían enseñanzas básicas (promoción y prevención de salud) y se practicaba la sanación. Se ubicaban en lugares que tuvieran acceso público para que todas las personas pudieran acudir. También proporcionaban ayuda en los períodos difíciles, o sea cuando acaecían desastres, especialmente a través de la sanación de los enfermos.

Todos conocían a los hermanos y hermanas vestidos de blanco. Los hebreos los llamaban La Escuela de los Profetas, y entre los egipcios eran conocidos como los sanadores, los médicos.

Nuestros preceptos y los de esta comunidad son los mismos, hacemos el bien independientemente de las condiciones del necesitado, nos vestimos de blanco, nos preocupamos permanentemente por el medio ambiente, por un futuro sostenible y por la no contaminación, no tenemos fronteras para el bien, cuidamos de los seres humanos y los educamos para elevar la calidad de vida. Ese es el profundo significado de toda verdadera medicina y de cada proceso terapéutico.

Los esenios reconocían la igualdad de los sexos y concedían a las mujeres, en el mayor secreto, el lugar que les correspondía por derecho. Así, las mujeres podían participar de todas las aristas de su idiosincrasia: practicar la justicia y la fidelidad, no hacer daño a nadie, ni por deseo propio ni por orden de otro, abominar siempre a las personas injustas y colaborar con las justas.

Hacían el juramento de amar la verdad y mantener sus manos limpias del robo y su alma libre de ganancias ilícitas; transmitían las normas de la vida de la misma forma que ellos las habían recibido.

Todo lo anterior nos da la visión de que la búsqueda de la solución para los problemas de convivencia, no es nada nuevo; dentro de ese ámbito, mejorar la calidad de vida de la especie humana es un aspecto de gran importancia, que exige no solo curar, o prevenir enfermedades, sino también educar al individuo en los valores éticos de la existencia. Ello supone alejarse de posturas mezquinas y egoístas, así como trabajar por un futuro, donde el hombre sea objeto y sujeto, en un proceso de regeneración del pensamiento individual, el cual una vez que haya madurado en el seno de la sociedad, pueda manifestarse a todos los niveles.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Editada en la Universidad de las Ciencias Médicas de Cienfuegos